Buscando Espontaneidad

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martes, 25 de diciembre de 2007

Carlos Taztín y un relato desesperado

Carlos Taztin, sentado, pensante, el mundo parece girar a su alrededor y en la silla, tan solo él. La gente pasa y le dice.- “Carlos levántate, ¿acaso no ves lo que se avecina?”. Pero la mirada del hombre tatuado en la silla es de piedra.

Parece muerto, pero el pecho lo delata. Puede fingir que no existe el universo, pero fingir que no respira, le es imposible; da la impresión que quisiera olvidar el cómo respirar.

La gente deja de pasar y empieza a correr y corre también el tiempo. El otoño parece ir y venir como el sol y la luna, y las hojas caídas de árboles sin dueño golpean los pies inertes del ahora ya viejo Carlos Taztín, sentando en la misma silla en la que un día se posó y decidió nunca más existir.

Cruje la silla o quizás son sus huesos, cruje su vida por sólo un instante. Carlos guarda silencio, o mejor dicho, revisa que no se escape el sonido. Escucha el latir de su corazón y espera con ansias la cuenta regresiva…

10, empieza a contar; 9, lo siente más débil; 8, no puede aguantar; 7, por fin lo que siempre añoró; 6, las ansias lo llenan; 5, se siente más cerca de la muerte; 4, empieza a tener miedo; 3, empieza a dudar; 2, se arrepiente de haber esperado tanto a la muerte; 1, no puede pensar, no quiere morir, quiere vivir, la silla era su amiga pero la muerte nunca lo fue, nunca la conoció, nunca…nunca……0.

El silencio ya no le pertenece, es ahora del tiempo. Intenta hablar, pero parece haberlo olvidado, o quizás alguien lo calla, no lo ve, pero lo siente. Él lo siente y quizás lo ve, pero ¿quién es él?

Él eres tú. El dueño de su vida. El que si quería otro final, le bastaba con detener la cuenta regresiva, imaginar el futuro de Carlos y así dejarlo vivir. Él deseó la muerte, es verdad, pero no quiso morir al final, ¿es que acaso eso no bastó para tí?, ¿por qué al contar los segundos no te detuviste cuando él se aferraba a la vida? ¿Acaso lo querías ver morir?

El tiempo es un silencio arbitrario cuando uno lee. Estamos interesados en saber qué sucederá, pero jamás nos vemos en la capacidad de decidir por nuestros personajes. Nos postramos en una silla igual que Carlos y miramos como el mundo pasa por nosotros y somos nosotros quienes no detenemos al mundo, somos nosotros los que deseamos el final de una historia, pero cuando esta se vuelve vida no la queremos dejar morir, somos nosotros Carlos Taztín... somos nosotros....y hoy fuiste tú.

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