jueves 15 de octubre de 2009

¿Quién te entiende?

Entre tanto y tonto me he puesto ha pensar,
¿qué hice mal para perderte?

Habrá sido no amarte,
o quizás no decírtelo,
o de repente ni siquiera aparentarlo.
Dime amor, ¿qué fue?

Acaso no siempre te puse en segundo lugar,
acaso te escuché alguna vez cuando me hablabas con cariño,
no hallo mi vida, ¿cuál fue mi error?

Y es que mi reina, no entiendo por qué lloras,
si en la carta que te envié fui sincero como nunca antes había sido,
y aun así tú no lo valoraste.

Qué importa si fue una,
o inclusive si fueron dos,
jamás pensé en ti cuando lo hacía, ¿acaso eso no te basta?

Y es verdad; lo disfruté,
y también es verdad que pasó muchas veces,
pero qué interesa eso si hoy soy un libro abierto para tí.

Ay amor, ¿quién te entiende?
por qué no dejamos estas cosas de lado y regresas a mí,
¡así serás feliz! o al menos eso aparentarás,
pero eso sí, no me pidas a mí ahora hacer el esfuerzo por recuperarte.

sábado 26 de septiembre de 2009

Practicante: otro día más


09:00 am: Siete pendientes en el escritorio.


11:00 am: Dos pendientes más en el escritorio.


12:00 pm: Trabajo sin descanso para almorzar tranquilo.


01:00 pm: No almuerzo tranquilo.


03:00 pm: Leyendo un momento las noticias en la web.


03:30 pm: Arrepintiéndome de haber visto las noticias a las tres.


05:00 pm: ¡Eufórico! ¡Ya terminé seis de los nueve pendientes!


06:30 pm: Increíble, tengo un pendiente más.


07:00 pm: Llamo a mi enamorada; no creo que la pueda ver esta noche.


08:00 pm: Me quedan tres de los cuatro pendientes. Todos mis jefes ya se fueron.


11:00 pm: Terminé un pendiente. Perdí una hora comiendo una hamburguesa. No ví a mi enamorada.


00:30 am: Me queda sólo un pendiente.


03:00 am: ¡Puta madre! ¡ Que largo este pendiente!


03:30 am: Por fin, me voy a mi casa.


03:31 am: ¡La puta madre! Mañana tengo examen en la Universidad.




domingo 20 de septiembre de 2009

y se fue

-"Vamos compadre. Hay que estar tranquilo no más".

...

-"Yo se que duele, pero aunque duela hay que dejarla ir, ¿no crees?".

-"No compadre, mi dolor no es porque se fue, es porque me quedo".

jueves 3 de septiembre de 2009

Mensaje a las mujeres


¡No se dejen cerquillo!

lunes 24 de agosto de 2009

La mujer de las sonrisas dolorosas



Estaba atado a la silla de madera que descansaba en el medio de su sala. Podía sentir en mis muñecas como la soga quemaba cada vez que intentaba escaparme, al mismo tiempo que los rebeldes de los dedos de mis pies hacían un amotinamiento sin saber que mis tobillos también estaban encerrados entre las fibras de color ocre.
Me movía de un lado para el otro y sólo lograba cansarme, y poco a poco sentía desvanecerme, perder la conciencia, mientras que la soga, mientras que la silla, mientras que la habitación y las paredes seguían ahí, burlándose de mí.

Repentinamente entró ella, como si no hubiera habido una puerta entre nosotros. Me miró con una breve sonrisa entre las mejillas y me rodeó lentamente, como si aún estuviera planeando qué hacer conmigo.
Decidida a intentar lo que yo no sabía que intentaría, se sentó en mis piernas, me arrancó la camisa y se burló de mí. Ella no dejaba de reír y me tocaba el pecho desnudo como si intentara moldearme a su antojo. Pero a mí me dolían sus manos, me dolían sus caricias…

No contenta con mi piel entre sus manos ella decidió seguir su camino. Se aferró a mi pecho y me arrancó el disfraz que me hacía persona frente a los demás, dejándome desnudo y sin piel para sonrojarme.
Ahí estaba yo, una materia de huesos que encubrían quince órganos los cuales ya no importaban para nada. Mientras tanto, ella se seguía riendo y me miraba con esa sonrisa traviesa del inicio. Pero a mí me dolían todavía sus manos y me dolían todavía sus caricias…

Aún no estaba vencido, creía yo, aún mis costillas hacían guardia a esa mujer que no paraba de sonreír mientras me torturaba la vida. Pero al parecer ya todo estaba dicho.

Se acercó a mi mejilla izquierda y me dio un beso; como el beso de Judas Iscariote. Tomó con ambas manos cada costilla de mi cuerpo y tiró para los lados opuestos al mismo instante que yo empecé a gritar de dolor. Y es que me dolían tanto sus manos y me dolían tanto sus caricias…

Ahí estaba yo, sin quedar nada de mí. Sólo permanecía en la silla de madera un estropajo de restos humanos y un corazón a la intemperie. Ella volvió a sonreír a lo que habían sido mis ojos y con sus manos mortales tomó mi corazón…pero eso no me dolió, eso no me quemó, eso no lo hizo con fuerza…eso me hizo sentir feliz, enamorado, saciado…como si mi corazón siempre hubiera querido sus manos y ella siempre lo hubiera sabido.

miércoles 24 de junio de 2009

El texto de mi vida


Como un verso inútil te acurrucas entre las hojas de mi alma,
te colocas entre los puntos seguidos de mis párrafos inocentes
y tu boca se vuelve tílde entre tantas palabras sin acento.

Y es que resaltas amor, siempre resaltas,
como si en el texto de mi vida tu nombre estuviera en negritas,
tu voz fuertemente subrayada
y tus ojos, como el título de todo,
en mayúsculas, arial, 100.

domingo 26 de abril de 2009

La Mujer de la Habitación

“¿Cómo estas? En verdad, hablo en serio, quiero saber de ti. Hace mucho que no hablamos”.

-Ella no le hablaba-

¿Qué pasa?¿Acaso no me extrañas?¿No piensas en mí?

-Y ella seguía sin decirle nada-

“¡Por favor! ¡Te necesito tanto! Cuéntame cómo estas, sólo quiero estar tranquilo”.

Ella le sonreía mientras su reflejo volaba por la oscuridad de la noche y se perdía entre la tenue luz que venía de fuera de su habitación, donde él acababa de despertar y miraba a la nada, como si la nada fuera todavía ella. Él se daba cuenta que todo había sido un sueño, que ella no estaba en su habitación y que su voz había volado lentamente, como plumas de almohadas, en el vacío y triste cielo de su cama.

“No dejo de pensar en ti, en verdad me estás haciendo mucho daño”.

–Seguía hablando el hombre que hace instantes se había dado cuenta que en el cuarto estaba solo.

Volcó su cabeza de nuevo a la almohada, cerró los ojos, miró a la pared, olió la fresca brisa de la noche que se deslizaba por la ventana de su habitación y se cubrió con la colcha hasta la frente.

Cuando volvió a abrir los ojos la encontró de nuevo, ahora ella lo miraba atentamente a los ojos. La mirada torturaba el pecho de quién juraba no estar dormido, haciéndolo sentir como si brotara una fuente de agua del centro de su corazón, llevando consigo un pedazo de éste a cada espacio de su cuerpo, invadiendo cada órgano con un poco de corazón.

“¿Por qué no estás aquí conmigo, por qué te fuiste?” – Ella seguía sin decirle nada, pero para él sus ojos decían todo, ella aún estaba enamorada de él, estuviera donde estuviera lo seguía estando.

“Sólo dime que me necesitas y estaré contigo, te lo juro”.

La mujer hizo un prólogo para hablar, abrió la boca, le tocó el pecho, se acercó a sus mejillas y le susurró al oído:

“Te necesito”.

Sus palabras sellaron las puertas del tiempo y el reloj que se sostenía en la mesa al lado de la cama se detuvo en ese mismo instante. El corazón del hombre que no había dejado de hablar había enviado un mensaje a cada parte dividida, dando la orden forzada de parar de latir. Al mismo instante, el hombre abrió los ojos como faroles de un carro, miró nuevamente al cuarto vacío y empezó el camino para la clausura de su vida. Sus ojos se iban cerrando lentamente, bajando el telón de aquella vida corpórea, mientras tanto, otros ojos se abrían donde ella estaba, donde ella lo esperaba y de donde ella había salido para irlo a buscar.